Trasteando con el Poser

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Amaterasu era la diosa del Sol en la más vieja religión Japonesa llamada Sintoísmo. Cuando su hermano Susanowo la trató mal, ella se escondió en la cueva del cielo y cerró la entrada con una enorme piedra. Esto hizo al mundo obscuro, y los espíritus malos salieron de sus escondites.
Desesperados, los dioses en una conferencia decidieron hacerle una trampa para que saliera, e hicieron una fiesta cerca de la cueva. Pusieron un espejo enorme al frente de la cueva y joyas preciosas en un árbol. Uzume, el dios de la risa, comenzó un baile acompañado de música ruidosa.
Al escuchar la música y la risa, Amaterasu sintió tanta curiosidad que miró hacia afuera para saber que estaba pasando. Ella se fascinó tanto con su propio reflejo brillante en el espejo que salió de la cueva. Finalmente, la luz cubrió y coloreo al mundo una vez más.
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En el hinduismo, el río Ganges está personificado bajo la forma de la diosa Ganga, también llamada Maa Ganga (Madre Ganges) o Ganga Deví (diosa Ganges). Es por esta razón por la cual el río Ganges posee un carácter divino en la religión hindú y se cree que cada inmersión en este río sirve para expiar un pecado y adorar a Ganga, además de evitar el ciclo de reencarnaciones del difunto cuyas cenizas sean arrojadas al Ganges.

Este río se ha convertido en el final de la gran peregrinación del hinduismo. El Maha Kumbha Mela es una celebración de carácter espiritual celebrada cada doce años a orillas del Ganges, siendo cuatro los principales puntos de reunión: Prayag, Haridvar, Ujjain y Nasik. La peregrinación se realiza cuatro veces cada doce años, una vez en cada una de las localidades. 

El origen de esta tradición proviene de dos mitos hindúes; por un lado, el mito de la creación del Ganges y de su carácter sagrado (del que hablaremos más adelante), y por otro lado, el mito mediante el cual se explica porque la peregrinación debe pasar por estas cuatro localidades indias.

Este último mito tiene lugar en el periodo védico, cuando los semidioses y los demonios hicieron un pacto temporal con el fin de obtener Amrita (el néctar de la inmortalidad) del océano de leche y compartirlo a partes iguales. Sin embargo, cuando el bote de Amrita apareció, los demonios rompieron el acuerdo, y escaparon. Estos fueron perseguidos por los semidioses y durante doce días y doce noches (el equivalente a doce años humanos), semidioses y demonios combatieron en el cielo por conseguir el Amrita. Se dice que durante la batalla el bote se rompió y cayeron a la tierra cuatro gotas del néctar; una en cada uno de estos lugares: Prayag, Haridvar, Ujjain y Nasik.

Veamos ahora el mito de la creación del Ganges. El dios Brahmá creó el río Ganges, que en origen solo recorría el Cielo, a partir del sudor recogido del pie del dios Visnhú. Años más tarde, el rey Sagar tuvo 60.000 hijos y un día mientras este celebraba una fiesta, el dios Indra, celoso, robó un caballo a Sagar. El rey, enfurecido, mandó a todos sus hijos en busca del caballo. Lo encontraron en el inframundo, al lado de un sabio que realizaba su penitencia. Los hijos de Sagar, creyendo que el anciano era el autor del robo, le insultaron y golpearon. El sabio se limitó a mirarlos, haciéndolos arder a todos.

Las almas de los 60.000 hijos de Sagar quedaron, entonces, vagando por la Tierra. Fue una de los descendientes de Sagar, el rey Bhagiratha, quien rogó al dios Brahmá que permitiera a la diosa Ganga descender del Cielo para tocar con sus aguas purificadoras las cenizas de los difuntos hijos de Sagar, para que estos pudieran ascender al Cielo. Brahmá aceptó y ordenó a la diosa que descendiera a la Tierra. Pero esta advirtió del peligro que suponía que tal masa de agua cayera sobre la Tierra, pudiendo destruirla. Ante esta posibilidad, el rey Bhagiritha le pidió al dios Shivá que amortiguara la caída.

Así Ganga cayó sobre la gran cabellera de Shivá dividiéndose en siete torrentes, pero creó un caos en la zona de los Himalayas, donde se encontraba meditando el rey Yajnú, quien encolerizado, se tragó las aguas del río. Los dioses y Bhagiratha oraron al sabio para que soltara a la diosa y así lo hizo Yajnú. De esta forma, Ganga pudo salvar a las almas de los hijos de Sagar.
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Sada Koyama, Sadayakko de nombre artístico, nació en Tokio en 1871.
Hija de una familia de viejos samuráis, arruinada económicamente, fue vendida a los cuatro años a una matrona, llamada Kamekichi, dueña de una de las casas de té más frecuentadas por la nueva burguesía japonesa, para que la formara como geisha.
Recibió la más primorosa educación a que podía aspirar una geisha, además de música e interpretación.  En ellos aprendió a encandilar a un hombre con una mirada de soslayo, a ser lánguida y elegante, a charlar con coquetería y a caminar con aire seductor.
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El 'mizuague' de una geisha –su desfloración- era el principal medio por el que su propietaria recuperaba lo invertido en ella. El de la pequeña Ko-yakoo –su nombre en la flor y el sauce- le fue reservado a uno de los paladines del nuevo Japón, el conde Hirobumi Ito,antiguo héroe de la lucha contra los shogun. Era un acaudalado ministro del nuevo emperador Meiji Tenno (1867-1912) que pagó una fortuna para tener el honor de desvirgarla. Ito fue para Ko-yakoo todo un amigo además de un danna (un protector). Aunque el verdadero amor de la muchacha era inspirado por un joven estudiante que respondía al nombre de Momosuké Iwasaki,Ko-yakoo, olvidando su antigua rebeldía, se entregó al conde como era su obligación.
Bajo los auspicios de su primer protector medró en la alta sociedad del Tokio de su tiempo. Así, cuando Ito dejó de ser su amante, en el lecho de la geisha los campeones de sumo sucedieron a los más altos dignatarios del nuevo Japón.
La 'madame Sadayakko' que habría de aplaudir Occidente se puso en marcha cuando la antigua geisha empezó a ser mayor para ejercer.
Cuando acababa de cumplir veintiocho años, Sadayakko decidió dar el gran paso hacia Occidente. Casada con un actor de teatro de vanguardia, Otojiro Kawakami, viajó el 30 de abril de 1899 a San Francisco y llegó el 20 de mayo de 1899 con ganas de triunfar.
En California obtuvo sus primeros grandes éxitos, de público y de crítica periodística. ... La diva japonesa llegó a bailar para el presidente McKinley coincidiendo con el centenario de las celebraciones de la fundación de Washington.
Convertida ya en una celebridad, viajó a Europa, el 28 de abril de 1900, triunfando en Londres y después en París, a donde llegó el 29 de junio de 1900.
Su rostro exótico y sus gestos encandilaron: André Gide fue 6 veces a verla bailar. Auguste Rodin califico de 'perfecto' el arte de la actriz.
 Picasso, la pintó como una mujer dotada con muchos brazos y Puccini, que hasta entonces no había visto a ninguna japonesa, encontró en ella la inspiración necesaria para ciertas notas de su Madame Butterfly. El emperador Francisco José la aplaudió en un teatro de Viena; en San Petersburgo, bailó para el zar Nicolás II y en las tiendas de París se vendían unos quimonos que llevaban su nombre.
Después de fundar un teatro en Tokio con las ganancias obtenidas en sus periplos occidentales, Otojiro enfermó de apendicitis, siendo el último gesto de cariño hacia su marido el que trasladasen su cuerpo al Teatro Imperial de Osaka, donde expiró.
 Ella se unió entonces a Momosuké Iwasaki, aquel amor de juventud al que no se pudo entregar.
Sin embargo la obstinación de Sadayakko por vivir de espaldas a unas normas que implicaban la sumisión de la mujer japonesa a la voluntad del hombre acabó con ella, y el día de su muerte nadie se acordaba ya de la gran actriz.

Fuente: Lesley Downer
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